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Identidades Divididas. El caso de Barrios Altos

Publicado: 2014-12-01


El caso de Barrios Altos como barrio emblemático de la ciudad de Lima, es sin duda un ejemplo sustancial respecto al llamado desarrollo económico en la capital y el rol que las identidades de comunidad juegan en él. Es a la vez curioso y preocupante ser testigo del imparable crecimiento urbano y económico de sectores de lima que empezaron como barriadas de migrantes provincianos y que hoy por hoy se han establecido como grandes potencias económico y políticas capitalinas, a la vez que observamos que la realidad del barrio más antiguo de lima permanece estancado en sus lastres de antigüedad, inseguridad e informalidad.

Aquí aparecen en primera instancia cuestiones como identidad de grupos, ciudadanía, territorialidad y espacio público, con una complejidad particular que se envuelve con el espectro histórico que cargan perpetuamente los vecindarios más antiguos, llenos de monumentos, plazas, callejones y casonas con una arquitectura y un valor cultural inconmensurable.

Si bien la existencia de Los Barrios Altos y El Cercado existen desde la fundación de la ciudad de Lima, fue solo después de pasado el proceso de la colonia (en donde gran parte de la zona fungía de reducción indígena) que la zona vivió su “época dorada”. Desde la República hasta más o menos mediados del s. XX, éste fue el hogar de las más ilustres familias limeñas, con construcciones arquitectónicas bellísimas y con centros urbanos y culturales de suma importancia en sus terrenos, se encontraba libre de la contaminación, desorden, pandillaje e inseguridad que hoy en día reinan. Fue recién a partir de la década del 60 que, con la llegada masiva de migrantes es que empieza el proceso de tugurización más preocupante que haya vivido la capital hasta el momento. Este proceso “en retroceso” culmina en los años 70 con el abandono de la zona por parte del Estado y la Municipalidad, clausurando y dejando a su suerte los antiguos cines, teatros, plazas, paseos y monumentos que hasta ese momento no habían dejado de cautivar a la población, permitiendo a los “nuevos pobladores” tomar el espacio público por completo y dar inicio a una nueva etapa que trastoca por completo la identidad de Barrios Altos, tanto para sus propios pobladores como para el resto de los limeños.

He aquí el primer y más notorio quiebre de identidad que encontramos en Barrios Altos: la estructura generacional de las familias que aquí habitan, sobresaliendo la dicotomía entre los más antiguos habitantes (adultos de la tercera edad que han vivido toda su vida en el barrio) que han sido testigos de los cambios emblemáticos en los últimos 70 años y por otro lado, las nuevas generaciones, que albergan tanto el emprendimiento informal así como la criminalidad como sustento de vida.

Si bien la última gestión municipal mostró un interés particular por el Centro de Lima y una política de desarrollo más comprometida que anteriores administraciones -entre las cuales destaca el período de Alberto Andrade en donde se forjan proyectos como “Adopta un balcón” y se restauran e iluminan de manera imponente los edificios más importantes de gestión pública- tomando como piedra angular el valor histórico-cultural de la zona, los problemas de fondo como la ilegalidad, la informalidad y la delincuencia, persisten.

Mucho del problema reside en el espacio y territorio del barrio: la distribución del espacio público es desordenado, las calles son estrechas y comúnmente invadidas por negocios informales, los callejones y casonas están distribuidas en habitaciones muy pequeñas en donde conviven familias extensas y en crecimiento y la inexistencia de espacios de esparcimiento o lugares de expresión artística y juvenil. Existe también un factor en el discurso cotidiano de los barrioaltinos de cierto resentimiento social dirigido al mismo tiempo al Estado (por su ineficacia e incluso ausencia) así como a la población en general. Ciertamente, existe una noción capitalina general que se erige como un estigma negativo hacia la zona, generando que el limeño promedio le dé las espaldas al barrio más emblemático de la ciudad y olvidando frecuentemente que debajo de las problemáticas actuales y el desorden que evoca, existe un valor cultural e histórico para nada desdeñable. Y es que basta tomar como ejemplos ciertas políticas culturales de países vecinos como Colombia o Argentina para darse cuenta que un adecuado proyecto de desarrollo que tome en cuenta el espacio público como un espacio cultural, en acciones tomadas conjuntamente con los vecinos de Barrios Altos y el interés y apoyo de sectores artísticos, intelectuales y profesionales, es que será más fácilmente visible un futuro más próspero tanto para la zona así como para las nuevas perspectivas culturales que tendrán un espacio a la vez histórico y lleno de vida.


Escrito por

Chichi

No sé nada de mucho pero sí sé mucho de nada. Un poco de meditaciones, opiniones y renegadas acerca del pan con mango.


Publicado en

Perú diverso

Algunos alcances, meditaciones y opiniones acerca del rico Perú, su intimidante diversidad y los retos que se nos vienen.